¿Existe el libre albedrío?

La existencia del libre albedrío y su coherencia con las leyes de la naturaleza, ha sido objeto de estudio en diversas disciplinas científicas, incluyendo la neurociencia, la filosofía, la psicología y la biología, siendo un tema ampliamente debatido. Aunque, muchos de sus detalles aún están en desarrollo, y pese a todos los avances en estas áreas, carecen de una respuesta concluyente. De modo que, estas disciplinas interrelacionadas no han llegado a un acuerdo, que les permita alcanzar una respuesta definitiva, ya que, no existe un consenso claro, sobre si el libre albedrío es real, una ilusión o una construcción cerebral. Pero, han proporcionado herramientas que nos permiten explorar sus fundamentos neurológicos y cognitivos, para analizar las implicaciones de diferentes perspectivas sobre su naturaleza.

En la filosofía existen dos principales posturas, en relación al libre albedrio, que son: el compatibilismo y el incompatibilismo. Los compatibilistas o deterministas blandos, sostienen que el libre albedrío es posible en un universo regido por las leyes naturales, pues, la libertad se define como la capacidad de elegir y actuar sin coacción, según nuestros propios deseos, incluso si nuestras acciones están determinadas por causas o circunstancias. Es decir, los seres humanos tienen la capacidad de tomar decisiones libres y autónomas, sin restricciones externas. En otras palabras, esta creencia filosófica valora el libre albedrio como una experiencia subjetiva con responsabilidad moral, permitiéndole al individuo percibir, sentir e interpretar libremente un evento o una situación. Además, proporciona el buen funcionamiento de la sociedad. Todo esto justifica los sistemas legales de recompensas, castigos y la noción de mérito, pues, ¡si no somos libres de actuar!, ¿cómo podemos ser considerados responsables de nuestros actos? Dicho de otro modo, la experiencia subjetiva y la necesidad social, apuntan a la existencia del libre albedrío. Pues la libertad significa actuar, aunque esta sea coaccionada por la violencia, la intimidación, o la presión a ejercer actos en contra de la voluntad. Pues, en un mundo determinista donde todos los eventos, las acciones y los fenómenos se determinan por condiciones y leyes físicas, se descarta la intervención del azar. Pues, cada causa produce un efecto específico, y hace que el futuro pueda ser predecible, al suprimir la posibilidad de que ocurra algo diferente a lo que ya está dictado. No obstante, este aspecto del enfoque es superficial, pues no abarca la totalidad del fenómeno. Considerando que, una elección aleatoria, es una decisión que se toma sin preferencia, intención, y criterio previo; donde todos los resultados posibles tienen la misma probabilidad de ocurrir. Por tanto, si se puede modificar el futuro.

Por otro lado, los incompatibilistas argumentan que, en un universo controlado, guiado y regulado por las leyes naturales que predeterminan todo, sería imposible la existencia del libre albedrio. Ya que nuestras acciones humanas no son auténticamente elegidas, pues, están predeterminadas, y son el resultado de las causas y las leyes naturales. Por ende, se niega la posibilidad de autonomía. En otras palabras, cada evento es inevitable y está condicionado por las circunstancias, de modo que, el futuro es una cadena de consecuencias lógicas de un pasado ya establecido. Esto quiere decir, que, si la libertad implica la capacidad de elegir de manera completamente independiente, entonces, sería imposible en un mundo regido por las leyes naturales. Dicho de otra manera, el libre albedrío y el determinismo son lógicamente incompatibles, por lo que no pueden coexistir.

Mientras que la ciencia argumenta que nuestras acciones están determinadas por factores causales, ya sean físicos, biológicos, genéticos o ambientales, que se escapan de nuestro control. Lo que sugiere es que no se tiene dominio sobre las decisiones. Por ejemplo, en el universo todas las acciones están predeterminadas, y esto plantea preguntas sobre la posibilidad de las elecciones libres, generando un debate entre la evidencia y la experiencia subjetiva de libertad.

Otros estudios de carácter neurocientífico sugieren que las decisiones se toman de manera preconsciente, pues albergamos información que puede ser recordada con esfuerzo y actúa como un filtro, almacenando recuerdos, emociones y pensamientos, que no se usan oportunamente, pero pueden ser relevantes en cualquier tipo de decisión, mucho antes de que seamos conscientes. Esto desafía el concepto de que somos absolutamente responsables de nuestras acciones. En otras palabras, la neurociencia ha demostrado que ciertas áreas del cerebro se activan antes de que una persona sea consciente de haber tomado una decisión, lo que conlleva a debates sobre la naturaleza de la conciencia, la voluntad y el libre albedrio.

Desde la perspectiva de la ciencia cognitiva y la psicología evolucionista, el libre albedrío podría entenderse como un proceso emergente de la interacción de reglas y parámetros finitos, produciendo comportamientos complejos e impredecibles. Además, existen aspectos de la realidad como los fenómenos cuánticos, que son inherentemente indeterminados, lo que permitiría la posibilidad del libre albedrío. Y la combinación de factores que influyen de manera directa o indirecta en el proceso de enseñanza-aprendizaje y la complejidad de la vida misma.

Todas las respuestas de las disciplinas ya mencionadas constituyen parte de la conclusión final del libre albedrio. De ahí que, el área espiritual tenga un rol protagónico, y no se limita a la religión. Aunque esta sea un medio para su práctica.

El área espiritual nos ayuda a encontrar un sentido a nuestras decisiones y experiencias; incluso en los momentos más difíciles, a fin de expandir nuestra conciencia, y vencer las limitaciones propias del ego y del velo de lo aparente. Siendo el viaje hacia el autodescubrimiento, la aceptación y la renovación interior, con miras a comprender nuestro propio ser y descubrir la importancia del libre albedrio.

Y es aquí, donde debe darse esta discusión, pues, al ser la dimensión que integra la responsabilidad moral, el cambio profundo de mentalidad y la práctica de la gratitud, nos sitúa en línea con los principios de fe y crecimiento personal, modelando nuestro propósito y configurando nuestra conexión con un poder superior, con lo divino, con nosotros mismos, con los demás, y con la naturaleza, a fin de reflexionar sobre los valores y cultivar la empatía, el amor y la compasión. Pues, toda creencia que se integre a la realidad objetiva, debe tener un sentido que la trascienda, y que conlleve al bienestar emocional, mental y físico. Proporcionando paz y resiliencia, con cambios significativos en la forma de pensar y actuar. Así es como se busca un mayor propósito en la libertad de elección. Pues, el libre albedrío y la espiritualidad se entrelazan, y se transforman en la capacidad humana de elegir sabia y libremente entre el bien y el mal. Sin embargo, cuando el libre albedrío carece de espiritualidad, surge la batalla entre la voluntad del ego y la voluntad del alma. Pues, la voluntad del ego es impulsada por el miedo, la necesidad de control y la autoimportancia. Además, busca la gratificación inmediata basada en el mundo externo. En contraste, la voluntad del alma busca evolución, crecimiento interior y paz, a través de la intuición y los propósitos superiores, sin basarse en el miedo. Mientras algunas posturas solo reconocen la relevancia del destino; es el libre albedrío el que permite la colaboración con la responsabilidad personal, la toma de decisiones conscientes, la constitución de normas éticas, legales, y aspectos del sentido de comunidad y pertenencia.

Por tanto, el libre albedrio si existe y ¡es real! E implica aprender a diferenciar entre lo bueno y lo malo, y tomar decisiones con conciencia y alineadas al amor, el respeto, la honestidad, la solidaridad, la justicia, la verdad, y el servicio a los demás; a fin de contribuir a una sociedad más armoniosa. Dicho de otra manera, cuando se toman decisiones libres, se actúa según la propia voluntad, y se puede elegir entre múltiples opciones, ya sean positivas o negativas. Pero, es gracias a los actos conscientes, basados en principios morales y valores universales, que se puede obrar de manera correcta, responsable, con ética y justicia, a favor del bien común.

En cuanto a las malas decisiones, el placer será una prisión, lo ocasional la rutina, y la trampa no estará en la sustancia, sino en la ilusión de libertad que esta ofrece, gracias a sus atajos hacia el éxtasis. Pues, es la crueldad de toda adicción, cuando se priva de la facultad de sentir la verdadera felicidad. Es decir, las malas decisiones son las que condicionan el libre albedrio, pues, las elecciones ya no son libres, sino que están predeterminadas por los patrones que nosotros mismos establecimos. Aunque el placer inmediato prometa alivio, relajación y expansión de la mente. No es paz lo que se siente, sino un escape temporal; uno que aprisiona y arrebata la tranquilidad. Ya que, no deja de ser una sensación artificial. Por otro lado, el deseo desmesurado por el dinero, su pronta acumulación y la preocupación de perderlo todo, son el collar invisible que adornan a un esclavo del apetito excesivo por la opulencia, sin importarle las relaciones personales, familiares, y de pareja. Pues, la necesidad de riqueza es como el vino, cuanto más se bebe, más sed se tiene. Todo lo anterior, conlleva a problemas de ansiedad, estrés, desequilibrio mental, y condiciona el libre albedrio, al limitarlo mediante presiones externas. Pues ya no se toman decisiones propias, al estar restringida la libertad de elección, conduciendo a actuar en detrimento del propio bienestar.

En este sentido, para recuperar el libre albedrio se debe aprender a discernir, y enfrentar la ilusión del velo de lo aparente, del que se disfrazó de libertador, cuando en realidad es el carcelero. Aunque el ambiente y contexto tenga la capacidad de transformar nuestros hábitos, gracias a los problemas y las carencias; somos nosotros los responsables de obrar correctamente, pues, Dios tiene un plan de salvación para nuestra vida. Dicho de otra manera, el libre albedrio se resume en elegir, entre lo bueno y lo malo, entre la vida y la muerte.

Qué enseña la Biblia sobre el libre albedrío

“Hoy pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ti, de que te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Elige, pues, la vida, para que vivan tú y tus descendientes”. Deuteronomio 30:19

“Eso es actuar como personas libres que no se valen de su libertad para encubrir su maldad, sino que viven como siervos de Dios”. 1 Pedro 2:16

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