¿Nacemos buenos o malos?

Agradezco tu atención, y con gusto te comparto lo siguiente:

La pregunta de si nacemos buenos o malos es un debate complejo, controvertido y carece de una respuesta única. Puesto que, las perspectivas científicas y filosóficas no han confirmado o desmentido, con datos irrefutables o argumentos concluyentes, la existencia o inexistencia de este hecho. Pues, sugieren que no nacemos con una inclinación innata hacia el bien o el mal, sino que somos moldeados por una combinación de factores genéticos y ambientales.

En ese mismo sentido, la interacción del comportamiento puede formar parte de la herencia biológica, pero no de manera absoluta. Como se puede observar en las tendencias al temperamento (ser más impulsivo o más tranquilo). Los niveles de energía, la predisposición a ciertos trastornos, como la ansiedad, la depresión, y algunas habilidades cognitivas. Sin embargo, el comportamiento no depende solo de la genética. También está influenciado por el ambiente familiar, la educación, la cultura, y las experiencias que se viven a lo largo de la vida. Todo lo anterior, juega un papel crucial en la formación de la personalidad y el comportamiento, que son susceptibles a la influencia de factores externos ya mencionados. En otras palabras, la genética puede influir en el comportamiento, pero el entorno y la experiencia, también desempeñan un papel esencial.

Para la psicología, aunque el hombre y la mujer están influenciados por la genética y el entorno, también cuentan, con la capacidad de tomar decisiones éticas y morales a lo largo de su vida.

Cabe señalar, que existen varios criterios filosóficos, como: “El hombre en su estado natural es bueno, y empático por naturaleza. Y lo que lo corrompe, es la vida en sociedad y la aparición de la propiedad privada. O el hombre en su estado natural es egoísta y agresivo, y solo la existencia de un poder político centralizado, lo exime de esa condición de guerra, de todos contra todos”.

Otros estudios indican, que, los seres humanos nacen con instintos altruistas y con la capacidad de empatía. Incluso los bebes de 18 meses muestran tendencias a elegir personajes de la televisión que hacen el bien.

Desde la perspectiva espiritual, todos nacemos con una naturaleza pecaminosa y egoísta; atribuida al pecado original. Y el ser humano combina impulsos altruistas y egoístas. No obstante, puede elegir “si así lo desea” entre ser bueno o malo. Pero, si no enmienda lo malo, ni subsana el daño ocasionado; no solo vuelve a cometer el mismo error, sino que lo reproduce, o lo hereda su descendencia “de generación en generación”. Esto según la ley, que rige las causas y las consecuencias. Y la relación del libre albedrío con la responsabilidad moral de las decisiones. Dicho de otro modo, quien vive de injusticias cosecha injusticias. Pues, es el pecado el que castiga al ser humano, y es Dios quien advierte de las consecuencias. Por otro lado, la experiencia aporta en la configuración del comportamiento humano, y entender la causa, y el ¿Por qué?, hasta el día de hoy, muchos viven apartados de Dios, se analice con detenimiento. Considerando que, para ser bueno hay que buscar la fuente del bien, del amor, la humildad, el servicio, la verdad y la justicia. Ya que, por desgracia, el ser humano es imperfecto, y es gracias a la relación con Dios, que se transforma el corazón y la conducta inadecuada. De ahí, la importancia de un encuentro personal y consciente con Él Señor Jesucristo. Pues, al aceptarlo en el corazón como Señor y Salvador, se desarrolla el entendimiento, se fortalece la fe, e inspira a vivir con mayor propósito, compasión, y compromiso hacia los demás. Además, brinda sentido y paz. Motivando cambios positivos en actitudes y decisiones. Es decir, esta conexión con Dios trae consigo reflexión, oración y arrepentimiento. Así mismo, se recibe el propósito de Dios Hijo y se disfruta de los regalos de Dios Padre. Pero, cómo aborda la Biblia este asunto: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. Juan 1:12

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